miércoles, enero 24, 2007

Nadine Gordimer denuncia ataques contra escritores en La Nacion

Los escritores bajo ataque
por Nadine Gordimer






He participado en la batalla contra el apartheid sosteniendo activamente al movimiento clandestino ANC, pero querría ahora considerar otro tipo de guerra, la guerra contra el que escribe. La guerra contra la palabra, que he vivido personalmente como escritora, y la guerra ulterior, bastante más seria, letal, que amenaza la vida misma de los periodistas y escritores en los conflictos actuales.
Recientemente -en el curso del año último- han sido tomados como rehenes periodistas en las guerras que se desarrollan en muchos países, sobre todo en la iraquí, que impica un compromiso internacional. Aun antes, en uno de esos países un periodista fue matado después de haber padecido, como rehén, un calvario inenarrable.
En el discurso de aceptación del premio Nobel, recibido en 2005, Harold Pinter dijo: "La vida del escritor implica una actividad extremadamente vulnerable, de casi total desamparo. No debemos llorar por esto. Pero va de suyo que estamos expuestos a todos los vientos, también a los helados". Desde la Antigüedad, ha existido una larga serie de acciones contra escritos juzgados heréticos bajo el perfil religioso. La lista de los libros proscritos por los católicos todavía existe. Pero en los tiempos modernos la prohibición de libros se ha basado habitualmente sobre un lenguaje demasiado explícito en materia de sexo, mientras que la herejía ha asumido la apariencia de la transgresión a la ortodoxia política. En el primer caso, el sexo, vienen de inmediato a la mente Madame Bovary y El amante de Lady Chatterley y, para el segundo, la herejía política, se me perdonará si, al margen de tantos episodios de libros prohibidos, cito uno personal. Sobre esa base, el régimen del apartheid en Sudáfrica prohibió tres de mis novelas, una después de la otra.
Prohibir una obra por razones políticas, impidiendo la distribución y la venta, o más drásticamente, rechazarla quemándola en público -actos que parece tener presupuestos racionales- son en realidad acciones dictadas por un nuevo tipo de fe, no religiosa sino ideológica. Una ideología abrazada con vehemencia se convierte en una fe en nombre de la cual los secuaces viven y actúan. La pureza de la raza para Hitler, el propósito de eliminar una clase social para Stalin son sólo dos ejemplos de los caminos para suprimir la libertad de expresión en nombre de ideologías políticas elevadas a fe, cada una de las cuales se atribuye la misión salvífica de combatir al otro presente en la humanidad. Fe y razón: estamos habituados a aceptar que estos aspectos, en apariencia opuestos, estén de hecho unidos en simbiosis en el exilio de obras literarias por parte de regímenes políticos opresivos. Basta leer los informes, país por país, de la comisión del Pen Club sobre los escritores en prisión.
Contra un escritor, hubo por otra parte una acción inconcebible en los tiempos modernos, nuestros tiempos: una condena a muerte sentenciada contra Salman Rushdie. Se lo acusaba de haber publicado una novela herética desde el punto de vista religioso. "No pensé jamás ser un escritor que se ocupaba de religión hasta que la religión vino a buscarme", dijo Rushdie. "La religión era parte del argumento de mi libro, naturalmente... de todos modos... debí medirme con los acontecimientos y decidir qué posición tomar frente a una oposición tan clamorosa, represiva y violenta. En aquel período era difícil convencer a la gente de que el ataque contra los Versos satánicos formaba parte de un ataque global más amplio contra los escritores, los artistas y las libertades fundamentales". La fe que aprobaba este ataque era de carácter religioso, el islam. Nada semejante a una fatwa de muerte había sido invocado respecto de otros escritores declarados culpables de herejía religiosa o política, o de tratar el sexo de modo explícito, aun si fueron desterrados o encarcelados. Actos, por otra parte, ya bastante atroces. La condena a muerte contra Rushdie fue una advertencia imborrable firmada por el fundamentalismo, que en el mundo actual lanza sus amenazas y sus asaltos no sólo sobre el terreno de la libertad de expresión sino también en muchas otras áreas de la vida contemporánea.
¿Cómo se deben afrontar, no tanto los conflictos singulares y ofensivos, cuanto las causas más profundas que subtienden las acciones de la hidra fundamentalista? ¿Y qué dirección se puede seguir para llegar a una posible solución? Amartya Sen ofrece un análisis convincente, que podemos tomar como guía, cuando habla de "miniaturización de la gente... el mundo es a menudo considerado una federación preconstituida de ´civilizaciones o de ´culturas , y se ignora la importancia de los otros aspectos sobre la base de los cuales la gente se considera, relacionados con la clase, el género, la profesión, la lengua, la ciencia, la moral, la política. Este reduccionismo de la gran teoría puede producir, inconscientemente, una notable contribución a la violencia de la pequeña política cotidiana... las personas son colocadas en latas angostas y se ignoran muchos otros modos -económicos, políticos, culturales, civiles y sociales- en los que interactúan entre sí en el interior y más allá de los confines regionales... la mayor esperanza de armonía en nuestro mundo atormentado está en la pluralidad de nuestras identidades, que se cruzan y se oponen a las divisiones netas marcadas por una sola, profunda y fosilizada línea de confín que se pretende inevitable. Los aspectos humanos que nos unen pasan bruscamente a un segundo lugar cuando nuestras diferencias son realzadas en un sistema preestablecido y fuertemente categorizado".
¿No es una respuesta posible para los fundamentalistas de la fe y de la razón? Como demuestran ampliamente sus otros escritos, Amartya Sen es el último economista que pueda ser acusado de eludir los temas que están en la base de la distancia entre los ricos y los pobres. En estas consideraciones suyas de carácter humanístico revela algunos de los mecanismos que mantienen la gran división.


Fuente: Corriere della Sera


Traducción: Hugo Beccacece





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3 comentarios:

Natalia Book dijo...

La libertad del autor debe estar por encima de todo. Con el paso del tiempo se da uno cuenta de que la mayoría de las prohibiviones no tenían ningún sentido de serlo.
Un ejemplo que me viene a la memoria es Lolita. Prohibida en su momento acabo siendo libro de lectura obligatoria en muchos centros educativos nortemaericanos.
Saludos

Anónimo dijo...

Felicitaciones por este blog, voy a visitarlo
con mas frecuencia
No existia un blog sobre estos temas.
No he podido conseguir los libros de Baez en mi libreria,
pero voy a buscar por internet.
Fabricio Ramirez

Zuliana Maracucha dijo...

Pero a Nadine se le olvido lo que es sufrir la discriminación pues no titubea al apoyar al presidente Chavez en el cierre tecnico en cuanto a la señal libre de RCTV y ademas de estar prejuiciada contra los venezolanos, que con todo el derecho que nos asiste por ser humanos, estamos en contra del presidente y su politica de apartehid. en verdad que una se asquea al ver la doble moral de muchos intelectuales, soy de las que opinan que se debe ser vertical en las posturas, si algo es malo en un gobierno de derecha lo mismo tambien tiene que ser malo en uno que se dice de izquierda (pero solo de palabras). Asi que todo vestigio de admiración hacia ella se esfumo, como espero que algun dia se esfume la venda que tiene en los ojos y que le impide observar lo que en realidad esta ocurriendo en Venezuela. Para leer el editorial a favor del presidente y contra un canal de television y las personas que no apoyamos su salida del espectro libre pueden accesar a www.ecoportal.net en su edición de la última semana de junio de 2007

En el clarinde chile salio el editorial http://www.elclarin.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=7510&Itemid=1554